Reflexiones

POR: CHILDERICO CEVALLOS

La supuesta inclusión de la llamada ideología de género en un proyecto de ley destinado a la protección de la mujer, ha despertado alarma e indignación en defensores de la familia tradicional y de grupos religiosos, que ven en varios términos del proyecto una amenaza a la misma célula familiar y a la natural diferencia sexual entre el hombre y la mujer.

De acuerdo a las denuncias de quienes previenen una deformación de la sociedad actual por ideologías extrañas, se intenta que en el país impere el concepto de que el género de la persona es la que escoge el mismo individuo, el que prefiera, ignorando su sexo biológico.

Mucho más, se teme que aquello sea incluido en la malla educativa para hacerla de obligatoria enseñanza en los centros escolares del país, para instruir a los educandos en la inexistencia de la obligatoriedad a ser macho o hembra y vivir como le parezca.

Es decir, si nace hombre pero hoy se siente mujer, que sea mujer; pero si mañana se despierta con sentimiento contrario, pues volverá a ser hombre.

Y se teme que, con aquel proceder, los padres estarían impedidos a ejercer su potestad de progenitores formadores de la conciencia de sus hijos; a educarlos según sus creencias, experiencias y lógico principio de que la familia parte de la base hombre-mujer, contra lo que, igualmente, estaría atentándose al pretender que el núcleo familiar también parta de parejas del mismo sexo que pueden adoptar hijos. O que existan vientres de alquiler.

Todo esto camuflado en un proyecto de ley dirigido a obtener una mayor protección a la mujer, ante el aumento de casos de femicidios en el país.

Quienes están involucrados en la presentación o estructuración del proyecto han negado rotundamente estas acusaciones o versiones difundidas con profusión en estas últimas semanas y que han motivado marchas en defensa de la familia.

Los organizadores de estas estiman que se quiere imponer, subrepticiamente, ideas y maneras de vivencia e ideologías contrarias a las establecidas en Ecuador, consideradas contra natura.

Sobre el particular, personalmente creo que la llamada ideología de género, como ha sido descrita, no es más que un desquicio de quienes están alterados síquicamente, por desorientación o resentimiento social.

Porque si la preocupación estriba realmente en la protección de la mujer de la acción violenta del hombre -que ha aumentado peligrosamente hasta el asesinato-, deberían fijarse mucho más en velar por la aplicación estricta y justa de la ley vigente.

¿De qué valen nuevas medidas si estas no son utilizadas para el fin establecido? Y no estaría de más una revisión de actitudes de movimientos como los de la liberación femenina, igualdad de género y preferencia sexual, cuyas manifestaciones son comprendidas, pero deberían ser controladas en sus excesos para no generar reacciones violentas que tampoco requieren de nuevas leyes para ser combatidas porque ya existen.

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