La libertad de conciencia y religión en los derechos humanos

Con motivo del Día internacional de los Derechos Humanos, permítanme referirme a la libertad de conciencia y religión, o libertad religiosa en el ámbito de los derechos humanos. No puedo escribir sin que pasen por mi mente, mis buenos amigos y amigas católicas, evangélicas con gran amor al prójimo y cuya amistad atesoro en mi corazón, amigos ateos que hacen el bien desinteresadamente y no por “ganarse el cielo”, budistas, hinduistas y judíos, que he tenido el privilegio de conocer.

Los derechos humanos tratan de establecer reglas universales para la convivencia pacífica de las personas en el mundo, protegiendo los derechos inherentes a su ser de los posibles ataques de los Estados y de las aplastantes mayorías. Conciliar esto, no es materia fácil.

Para valorar la importancia de este derecho que dichosamente nos cobija a todos, podemos realizar el ejercicio de imaginar un gobierno teocrático de alguna religión o congregación específica, que nos obligue a vivir según sus creencias. Cada quien podemos hacer el respectivo ejercicio.

La Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, órgano judicial de más alto rango a nivel nacional en cuanto a la tutela de los derechos humanos, indicó en sentencia número 76 de 1992, cuando prácticamente iniciaba labores: “La labor del Tribunal Constitucional, como lo destaca la más calificada doctrina, es una defensa –dramática a veces—de los derechos humanos, y, en ocasiones el desarrollo y evolución de éstos hacia formas más claras y definidas”.

En 2008, en la sentencia 15326, la Sala Constitucional declaró con lugar el caso de dos jóvenes universitarios que solicitaban hacer valer su derecho de que sus universidades no les aplicaran sus exámenes, ni programaran actividades en días sábados, pues su religión se los prohibía.[1] La Sala, citando una sentencia del 2002, explicó que la libertad de referencia incluye: a) el derecho a profesar una religión o a no profesar ninguna, b) el derecho a practicar los actos de culto propios de una creencia, c) el derecho a comportarse en la vida social de acuerdo con las propias convicciones.

También en 2008, en la sentencia 13421, la Sala ordenó a un Colegio de Cartago, abstenerse de incurrir en conductas discriminatorias por razones de religión sobre una estudiante. En él analizó la libertad de culto, explicando que ésta también está reconocida en otras normativas de carácter internacional aplicables en nuestro país, como lo son los artículos 12 de la Convención Americana Sobre Derechos Humanos y 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Y que esta libertad no se puede ver en forma separada del derecho a la libertad en sí, la autodeterminación, la integridad personal en sus aristas síquica y moral, y la dignidad humana.[2]

Por ello, la libertad religiosa en los derechos humanos protege el derecho que tenemos todos a pensar como queremos pensar y a profesar las creencias que libremente escogemos. Y al tratarse de leyes universales, Usted, estimable lector o lectora, puede ir a cualquier país que haya firmado los citados tratados, y gozar de su derecho a profesar su fe sin que nadie le obligue a practicar otra.

 

Fuente: El Mundo

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